Yo, ilegal

Cuando mi amiga Marcela se fue a vivir a España me dejó varios de sus libros. Sin pagar un peso me empaché con Kafka y Hesse y conocí “Cuentos de los años felices” de Osvaldo Soriano. Gracias a la insensatez de mi amiga de dejarme sus libros en préstamo ad infinitum, conocí “Mecánicos”, uno de mis cuentos favoritos. Se lo leí a mis hijos infinidad de veces, se lo presté a mi papá que adoró ese libro y entusiasmado corrió a comprar otros libros de Soriano, libros que a su vez, él me prestó. Ese libro lo usé además para hacer mi tesina de licenciatura, y este año, cuando me ofrecieron una suplencia de periodismo en un segundo año, volvió a circular libremente.

Cuando con mi pareja pedagógica armábamos una selección de cuentos, le sugerí incluir “Mecánicos”. Podría haber dicho que no, podría no haberme incluido en la selección de material ya que yo era suplente. Pero no. Gabi lo leyó y dijo que sí. Veamos: para que “Mecánicos” llegue a estos pibes, mi amiga Marcela me prestó un libro del que yo no pagué un peso, yo lo hice circular infinidad de veces prestándolo y leyéndolo, siempre sin pagar un peso. Mi compañera de trabajo  me dijo sí (cuando en educación a veces me encuentro con tantos no). Gracias a la insensatez, a la generosidad, al desapego y al amor a la libertad y a la cultura, finalmente mis alumnos tenían ante sí “Mecánicos”. Voy a cometer un último acto de sacrilegio: les dejo el link para que uds. también lean el cuento.

Cuando en clase un alumno leyó en voz alta el cuento lo obligamos a cometer un acto ilegal. Leer un texto en público que está protegido por las leyes del copyright, si se exceden las 1000 palabras, aunque sea por fines educativos, está penado por ley. A que muchos de uds no lo sabían. Les presento a la 11723.

Sí. Yo, ilegal. Y el pobre pibe que tuvo que leer, también.

Este ejemplo sirve para ilustrar lo ridículo y obsoleto que es oponerse a la circulación de la cultura, la educación y el conocimiento. Si a mi amiga no se le hubiera ocurrido prestarme aquel libro, ni yo, ni mis hijos, ni mis padres, ni mi pareja pedagógica, ni mis alumnos hubieran conocido este cuento. O quizás sí. Por suerte a diario, y muchos incluso sin saberlo, desobedecemos estas leyes y llevamos a cabo prácticas que tienden a la construcción de saberes compartidos. Lo que Henry Thoreau llamó a mediados de 1800 Desobediencia civil, se plasma a diario en nuestras actividades. Las nuevas tecnologías simplemente aceleraron, multiplicaron y pusieron en evidencia estas prácticas de creación colectiva. Miles de usuarios comparten, hacen circular y generan en base al trabajo de otros. Prestarnos libros, copiar en un papel el fragmento de una poesía, compartir música, pensar una actividad para hacer en el aula y comentársela a un compañero en la sala de profesores, todo esto es cultura libre. Pero es justamente en el ámbito docente donde no siempre encuentro el mismo espíritu de libertad. Muchos docentes de las escuelas medias que circulo tienen la propiedad intelectual en la punta de la lengua, pero, vaya a saber uno porqué  fotocopian material y hacen leer a sus alumnos textos de otros a los que no les pagan ni un peso. Es para pensarlo. Cuando empecé este blog, mi primer post gritaba: “Y como creo en las libertades individuales, las relaciones democráticas y el trabajo colaborativo. Con ese espíritu arranco hoy”. Sólo me queda una pregunta ¿tendré que pagar para citarme a mi misma?

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7 pensamientos en “Yo, ilegal”

  1. Muy buen post!! Para arrancar un domingo, leyendo algo tan interesante, y una realidad que a todos nos sucede.
    Yo en mis clases trabajo el tema de los derecho de autor, pero todos en mas de una oportunidad cometemos este acto.
    Nooooo, por vos misma nunca van a cobrarte, y supongo que en mas de una oportunidad los demás harán lo mismo con vos, tomaran tus palabras y las harán viajar!!!

    1. Melina: Que nos cobren por nuestro propio trabajo es lo único que nos falta. Y sí, ojalá que mis palabras viajen libres…eso espero. Esta semana arranqué creando una licencia Creative Commons para mi blog, y me sentí más que satisfecha. Saludos!

  2. Oportuno, divertido y claro. El tema de copyrigth/copyleft y Creative Commons, la ley de canon digital y la gran digitalización de mucho material de trabajo docente con las llegadas de las nets al aula ponen el tema en la discusión cotidiana. No podemos distraernos y mirar para otro lado. Lo vengo siguiendo. Buenísimo tu aporte al debate.
    Ricardo

    PD:Prohibida la reproducción total o parcial de este comentario por cualquier medio, ya sea impreso, electrónico o de cualquier tipo, excepto previa autorización del autor del comentario. Las marcas y nombres de empresas utilizados son marcas registradas de sus respectivos dueños.
    Noooooooo!!!!! Andá… 🙂
    PD2: Mi Licencia CC está “en trámite”)

  3. En realidad la respuesta va tanto para este artículo como para el de las notebooks. No sos la única “ilegal”, ni falta hace que te lo aclare. Lo que sí es interesante es saber que uno es más ilegal de lo que uno cree. Y lo loco es que lo sea más cuando usa el texto impreso, publicado, etc. que cuando utiliza material bajado vía tecnología.
    En cuanto a las netbooks, todavía no sé cuándo llegarán a mi escuela. De lo que sí estoy segura es de que, como mostrabas en anécdotas mínimas, ellos creen dominar más claramente la tecnología que nosotros y en realidad muchas veces dependen de nosotros (aunque no seamos profes de computación) para encontrar otra forma de utilizar los recursos tecnológicos.

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