Las peras del olmo

Nunca faltan. Uno está tan tranquilo con su vida básica y aparecen para complicarlo todo. Todos las conocemos, son personas que se salen de la norma, empeñadas en hacer otra cosa y no precisamente lo que había que hacer. ¿Molestan? Sólo un poco ¿Nos arruinan la vida? No es para tanto. ¿Y entonces qué ocurre? Es simple: nos sacan de nuestro lugar de comodidad. Qué problema.

Voy a pensar en estas personas que tienden al desastre. Especialmente en la escuela.

Acá va una lista de algunos chicos con problemas: Edison, Einstein, Churchil, Yeats, Da Vinci y Charlie Parker. Hoy, todos ellos, gracias a sus dislexias y déficits de atención hubieran sido etiquetados, diagnosticados y medicados.

Pienso en estos jóvenes que pertenecen a lo que se llama generación videoelectrónica: los criticamos por su falta de atención pero los sometemos a una técnica de disciplinamiento para que sirvan, para que rindan, para que sean útiles. ¿Realmente queremos alumnos máquinas? ¿Qué clase de sujetos queremos educar? A nuestros nativos digitales les falta afectividad y contacto. No hablo de desenchufar las computadoras, o de enchufarles ritalina, ambas opciones me parecen demasiado cómodas. Hablo del desafío de volver a la palabra, forma primaria y básica de comunicación humana; y cuando hablo de la palabra hablo del lenguaje en todas sus dimensiones. Porque la técnica, como modo de conocer y comprender el mundo es una experiencia sensible, la técnica unida a la expresión puede ser inmensamente bella y liberadora. Pero para que esto ocurra hay que comunicarlo, hay que enseñarlo. Estas nuevas generaciones no son simplemente los que tienen otra edad, son los que conocieron el mundo  a través de las máquinas y lo piensan de un modo distinto, son los que crecieron bajo un ambiente técnico cultural diferente al nuestro, ni mejor, ni peor, simplemente diferente.

Tenemos que salir de nuestro lugar de comodidad y educarlos para que la tecnología sea una experiencia de comunicación y de creación. Educar para que la técnica no sea simple utilitarismo y sometimiento, sino para que sea contacto, palabra, herramienta de expresión, experiencia sensible y liberadora.

Detrás de estos chicos con problemas, yo veo un niño, un ser amable, un pibe creativo, un chico que se da maña, alguien que se esfuerza, una piba con un talento insospechado, uno al que se le ocurren siempre cosas distintas, una a la que le cuestan las ecuaciones pero brilla con sus argumentos.

Detrás de las etiquetas están las peras del olmo

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2 pensamientos en “Las peras del olmo”

  1. Hola!!
    Excelente tu post! Me gusta mucho la forma que tenés para encarar los temas.
    Creo que una de las labores más desafiantes de ser educadora… es sacarle esas etiquetas, correrlos de ese lugar y que desplieguen todo su potencial!

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