¿Qué es la comunicación? (aún en la tienda de dulces)

Seguimos en la tienda de dulces, al borde del coma diabético, en nuestro intento por encontrar la definición de comunicación y mucho me temo que luego de haber probado varias definiciones, nos ocurra lo mismo que con los dulces y no sepamos con cual quedarnos. Ahora, si me obligan a elegir: tengo una selecta lista de golosinas preferidas, entre ellas está la clásica barra de chocolate con leche de Cadbury.

Y lo mismo me ocurre con la comunicación: entre sus definiciones hay algunas que prefiero a otras. La siguiente es una de mis definiciones favoritas. La comunicación bien entendida debe cumplir con ciertas premisas que los grandes medios suelen olvidar. A 2 años de la sanción de la ley de medios, me pregunto si los medios alternativos y comunitarios lograrán por fin aquello por lo que vienen luchando mucho antes que nadie. Repito: mucho antes que nadie.

La definición de comunicación que quiero, por su sencillez y sabiduría, es la que recupera su etimología y se refiere a la raíz latina COMMUNIS. Así, se entiende que la comunicación es poner en común. Más que sencillo. Pero podemos ir más allá (después de todo ¿Porqué conformarnos con comer un solo cuadradito?). Comunicar es poner en común algo con otro, es la misma raíz de comunidad y de comunión; expresa algo que se comparte: que se tiene o se vive en común. La verdadera comunicación sólo existe si es comunitaria, si deja de ver a los hombres como receptores pasivos y ejecutores de órdenes y, al contrario, los considera sujetos que tienen la necesidad y exigen el derecho de participar, de ser actores y protagonistas en la construcción de una nueva sociedad auténticamente democrática. Así como se  reclama justicia, igualdad, el derecho a la salud, el derecho a la educación, etc., se reclama también el derecho a la participación. Y, por tanto, a la comunicación. Esta idea de comunicación es la que sostienen, entre otros, quienes ven en la comunicación una herramienta de educación popular.

Muchas de estas ideas derivan de lo que se conoce como educación bancaria: roles bien definidos e inamovibles, donde unos detentan el saber que depositan en otros que no lo tienen.

Así también existe una comunicación bancaria que hay que desterrar donde unos producen los mensajes que transmiten a otros que se limitan a recibir. Y esta idea de comunicación bancaria es la que habitualmente se sostiene en la afirmación de que “comunicación es la información que un emisor transmite a un receptor”, y que podemos ver en el siguiente esquema:

En esta idea subyace también el lugar inamovible de quienes producen los mensajes y quienes deben limitarse  a recibirlos. Mario Kaplún invirtió este esquema porque sostenía que era engañoso que se presentara de manera horizontal; al rotarlo y colocarlo de modo vertical, este esquema de la comunicación se muestra exactamente como lo que es: un sistema verticalista, unidireccional y que impone de arriba hacia abajo.

Kaplún afirma: “definir qué entendemos por comunicación, equivale a decir en qué clase de sociedad queremos vivir”. Para él, “la verdadera comunicación no está dada por un emisor que habla y un receptor que escucha, sino por dos o más seres o comunidades humanas que intercambian y comparten experiencias, conocimientos, sentimientos (aunque sea a distancia a través de medios artificiales). Es a través de ese proceso de intercambio como los seres humanos establecen relaciones entre sí y pasan de la existencia individual aislada a la existencia social comunitaria”.
En este modelo de comunicación, cuando el mensaje llega a destino no es el final del proceso, sino el comienzo de su circulación: sus destinarios comienzan a reflexionar sobre él, a cuestionarlo, a apropiárselo, a discutirlo y a aplicarlo. El mensaje cumple su cometido cuando es recreado, resignificado por quienes lo reciben. los mensajes no son fines en sí mismos sino medios para suscitar procesos. Y para que esto ocurra es necesario crear situaciones que así lo permitan y es allí donde juegan su rol central la comunicación y los medios comunitarios.

Esta entrada termina con sabor dulce en la boca, sabor de creer que la comunicación es un proceso de transformación y liberación.

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