Libres o muertos, jamás esclavos

En el siglo XIX las consignas de libertad no estaban de moda: eran necesarias. El continente se llenó de soñadores y valientes que le pusieron la palabra, pero también el cuerpo a sus deseos de libertad. Esta frase de San Martín que me estuvo dando vueltas en la cabeza toda la semana, me sirve como pretexto para hablar de otro amante de la libertad, permitanme presentarles a Henry David Thoreau. Nació,vivió y murió en Massachussets, en Estados Unidos, entre 1817 y 1862, fue escritor, pensador y trascendentalista; con un grupo de amigos fundó el Trascendental Club, un grupo de intelectuales, lectores de Kant que tenían la maravillosa idea de cultivar la amistad. Era panteísta, anticlerical y amante de la naturaleza…bah, un loco lindo.

  De entre sus ideas hoy quiero hablar sobre lo que él llamó Desobediencia civil, un concepto fuerte que todavía hoy se aplica y que ha inspirado a muchos en diferentes campos. Vamos a empezar diciendo que Thoreau no era lo que se dice precisamente un amante de las instituciones, para él el mejor gobierno no era el que gobernaba menos, sino el que no gobernaba en absoluto. Si bien creía que el gobierno era un mal recurso o un inconveniente, entendía que uno no podía deshacerse de él así nomás,  pero sí podía llevar a cabo acciones para lograr un mejor gobierno de manera inmediata. Thoreau dice: “Yo creo que deberíamos ser hombres primero y ciudadanos después, lo deseable no es cultivar el respeto por la ley sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo”.  Frente a leyes injustas él se preguntaba qué había que hacer:¿Obedecerlas sin más?¿Corregirlas y mientras tanto obedecerlas?¿O directamente transgredirlas? Esta disyuntiva se le planteaba precisamente por la idea que tenía sobre la libertad. En la época de Thoreau todavía existía la esclavitud, sí, ya sé, están pensando que aún existe y es muy cierto, pero existía porque el Estado lo permitía: la esclavitud era legal.  “No puedo reconocer ni por un instante que esa organización política sea mi gobierno y al mismo tiempo el gobierno de los esclavos”: este era su argumento y no sólo eso, porque además de hablar nuestro amigo idealista, llevaba sus pensamientos al campo de la acción, así que de hecho dejó de pagar sus impuestos por considerar injusto pagarle a un estado que defendía la esclavitud y llevaba adelante guerras injustas. Y por supuesto marchó preso. No tenía una de las tarjetitas de “Habeas corpus concedido”, de esas que te sacaban de la cárcel en El Estanciero, pero tenía un amigo que pagó la fianza…y Thoreau se indignó, después de todo estaba en la cárcel en señal de protesta contra un gobierno que él consideraba ilegítimo. Así era él, un tipo que decía lo que pensaba y lo hacía. La Desobediencia civil no es ni más ni menos que el derecho que tenemos los hombres de llevar a cabo acciones que, aunque no estén contempladas por la ley, nos parecen justas y legítimas. Una expresión de libertad valiente.

Hoy, sin siquiera pensarlo, muchos practican la desobediencia civil, y muchos otros lo hacen con plena consciencia de ello. Uno de los casos, para mí, más contundentes fue el de Napster. Nadie puede negar que Napster se convirtió en un fenómeno gracias a los miembros que formaban esa comunidad. Para que Napster funcionara necesitaba, sí o sí, de un montón de desobedientes a las leyes de propiedad intelectual. Desobedientes y generosos: millones de personas ofrecían música para otros a quienes no conocían pero con quienes estaban unidos de un modo virtual.

Otro ejemplo son los stenciles, expresión urbana, medio de comunicación alternativo que infringe la ley de “prohibido pintar las paredes”. Para hacerse oír el stencil toma vida en las calles, o mejor dicho: toma las calles; como expresión artística no se exhibe en museos o galerías, como medio de comunicación no se vende en los puestos de diarios ni se sustenta con la publicidad. Su finalidad es divulgar, comunicar, anunciar y denunciar.

Y para terminar, voy a forzar un ejemplo maravilloso de desobediencia civil. Amo a Lukanikos. Ojalá los inspire para convertirse en desobedientes civiles, en el mejor de los sentidos.

Las citas de Thoreau provienen de: Thoreau, H. D., “Desobediencia civil” en Desobediencia civil y otros textos, Terramar Ediciones, La Plata, 2009.

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2 pensamientos en “Libres o muertos, jamás esclavos”

  1. Gracias por presentarme a Thoreau. La cita de sus palabras me resulta oportuna a la hora de debatir el verdadero sentido de la obediencia: virtuosa cuando surge del respeto, fatal si viene por el sometimiento o la sumisión.
    Como siempre, está bueno pasar por acá.

    PD: A Lukanikos lo tenía, lo había visto. Buen homenaje. ¿Viste? Lleva collar pero no correa. “Callejero por derecho propio.. ” diría Cortés. Un grosso digo yo

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