Las paredes no son de nadie, son de todos

 
No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte.
Y si todavía quedan
prejuicios hay que destruirlos.
“El deber”
digo bien
“EL DEBER”
del artista, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un cuadro,
un libro, una revista de los que ya nunca más saldrá,
sino al contrario salir afuera
para sacudir
para atacar
al espíritu público
si no
¿para qué sirve?
¿Y para qué nació?
 
Antonin Artaud  (“Carta a los Poderes” – 1925)
 

Volvía del Abasto y en unos bancos de cemento descubrí imágenes de autos prendidos  fuego; inmediatamente imaginé que una horda de locos salía a quemar todo lo que encontrara a su paso y que la ciudad se llenaba de polvo y de humo, pero mis pensamientos vandálicos se desvanecieron cuando, unos metros más allá, descubrí que además de los autos con sus techos en llamas había frases que pedían: “Menos autos. Más bicicletas”. Entonces supe. Supe que leí demasiada ciencia ficción, supe que nadie iba a salir a destruir la propiedad ajena pero también entendí que muy cerca había alguien que pretendía una ciudad más amigable. Me gustan este tipo de cosas, que las calles de mi ciudad  me hablen, me interpelen, que desconocidos me digan lo que tienen para decir y me dejen pensando.

Considero a los stenciles una de las mejores formas de comunicación alternativa. Como yo no tengo esa capacidad hermosa de sintetizar en una imagen lo que tengo para decir lo voy a explicar con palabras.

Los stenciles son viejos, viejísimos, prehistóricos. Se considera que el primer stencil es el de las manos en las cuevas patagónicas.

El stencil (o técnica del estarcido) consiste en aplicar o esparcir pintura sobre una plantilla con un dibujo recortado. Lo interesante es que pese a ser una técnica bastante artesanal permite su reproducción: con una plantilla yo puedo hacer varias copias de mi stencil. Para mí, este es uno de sus rasgos más interesantes, la posibilidad de reproducirlo. No deja de ser un objeto único e irrepetible y sin embargo se multiplica.

La comunicación alternativa es aquella que abandona “un tipo de comunicación vertical, adoctrinante y persuasiva, por un tipo de comunicación dialógica y participativa, por un uso democrático de los medios, en el cual la población de nuestros países se convierte en el actor principal de su propio desarrollo y, por consiguiente, en la fuente de los mensajes, o por lo menos, en una interlocutora en pie de igualdad”. Se cae de maduro que lo alternativo no sólo pretende la participación, el diálogo y la cooperación, sino que además implica la organización de un grupo (generalmente marginado). También puede definirse como un “proceso animado por la acción de los comunicadores que, a partir de una opción definida dentro del espacio de los conflictos sociales, emerge como espiral, desde el polo nacional popular, conformando respuestas diversas ante las formas dominantes creadas por el capitalismo en su fase transnacional” (Reyes Matta, 1983: 240). La historia da cuenta de que al igual que en otros ámbitos de la vida, en los medios también se reproduce el esquema dominantes – dominados. Los medios alternativos, nacen en los ’70, como una búsqueda, una nueva forma de denuncia que pretendía medios eficaces y creativos para conformar otro tipo de interacción entre los sujetos-actores involucrados en los procesos de comunicación. El objetivo fue romper con el esquema autoritario y crear otro, alternativo al dominante. Es por eso que para mí, los stenciles son un medio de comunicación alternativa: propician la participación y la democracia, promueven la acción de receptores que se convierten en actores, al ser ellos mismos creadores y fuente de la información, se basan en la organización de sectores marginados del sistema y, fundamentalmente, los stenciles, en tanto medio alternativo, son expresión genuina y canal de comunicación de estos grupos.

El stencil es irreverencia de la imagen y del arte, desobediente civil por naturaleza que desoye los mandatos de lo políticamente correcto, de lo artísticamente cotizable, escapa de las leyes, escapa del mercado, se escapa por las paredes e imprime un discurso contrahegemónico a una ciudad que lucha por no ser aburrida. Tomar las calles, intervenir los muros, burlar la rutina.

Para seguir leyendo:

Un bellísimo texto sobre Bansky, que ahonda en la trascendencia no sólo artística, sino también social y política del stencil.

Algo sobre la historia del stencil en Argentina.

Megapost para maravillarse los ojos y elegir su stencil preferido, si es que pueden.Yo, confieso que no me alcanza ni con uno, ni con dos, ni con tres. Así que elijo todos.

 
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