Saber las reglas y después romperlas

Si no me equivoco fue Roland Barthes el que dijo que el lenguaje es la apropiación de la lengua. La realidad es que el lenguaje es mío y hago con él lo que soy, así que invento palabras y las combino a mi antojo porque las reglas, como todos sabemos, se hicieron para romperlas.

Estos son algunos ejemplos que uso habitualmente, son ejemplos de mi propio juego del lenguaje. Puedo usar la palabra “menti” como prefijo. “Menticuatro” es el 4 mentiroso que le pongo a mis alumnos cuando en la escuela me sugieren que no boche a los pibes y los incentive con un 4 aunque se hayan sacado menos nota….”Sabías que eso es un menticuatro, no?“, tengo que recordarles para que no se duerman en los laureles. “Mentinota” cualquier nota mentirosa. Y “MentiSimpsons” son las últimas temporadas de los Simpsons que como ya sabemos, están de más.

Otro prefijo genial, derivado de  la palabra “astilla”, es “asti”. Para seguir con la línea docente y escolar, si casi te sacás un 6 (que era justo lo que necesitabas para zafar) decís que tenés un “astiseis” (y lo decís con bronca, apretando los dientes ). “Astivuelta” es una vuelta cortita, como cuando tenés que sacar al perro pero hace 10 minutos tenías que estar camino a Claypole. Y, ya que estamos, me encanta jugar con los lugares, especialmente si para mi interlocutor son inverosímiles, por ejemplo me gusta decir que me voy a Claypole o “¿Porque no vas y te fijás si sopla viento en Claypole?“. Ahora, a cualquiera que hinche, lo mandó sin dudarlo al Congo belga, y a la inversa, si me hinchan mucho, se ponen en inquisidores y me preguntan adonde voy, lo más probables es que conteste “Al Congo belga“, y si son excesivamente pesados agrego: “a cazar rinocerontes“. Y de la astivuelta pasamos a…. la “Patervuelta” patrimonio exclusivo de los que vivimos y amamos este barrio, es salir a dar unas vueltas por La Paternal Lp. “¿Salen unas Patervueltas?” Mi barrio se da el lujo de ser prefijo de todo: cualquier cosa con Pater delante se transforma en patrimonio barrial (paterbar, paterpibe, paternoche, paterbirra y así ad infinitum. Prueben los de Caballito o San Telmo…sigan participando).

Decir “tucas” es sinónimo de algo que se encuentra en pequeñas cantidades: “Vuelvo en unas tucas” equivale a decir ya vuelvo (advertencia: a veces te dicen unas tucas y las tucas se transforman en una medida de tiempo impredecible y elástica). “Me faltan unas tucas” o “aguantá unas tucas” le gritás a alguien que quiere entrar al baño cuando vos te estás duchando; o te faltan unas tucas de monedas para el viaje. Y en general lo uso mucho para hablar de la comida y bebida: ponele una tuca de mayonesa, unas tucas de galletita, me preparo unas tucas para comer, etc.

Capítulo aparte merece la palabra pelotudo que, asociado a otras palabras, adquiere connotaciones maravillosas, por ejemplo a mí me encanta decir que alguien (y eso me incluye) es un “pelotudo importante” o que se mandó una pelotudez importante (porque no es cuestión de hacer las cosas a medias). También podemos referirnos a un “proyecto de pelotudo” (es un pelotudo que se queda ahí…un “astipelotudo” vendría a ser). Y la lista podría seguir, se renueva y transforma constantemente.

Toda esta introducción larguísima para sostener que el lenguaje tiene reglas que hay que conocer y respetar porque odio leer textos mal escritos, con errores de ortografía o sintaxis,y ni que hablar de los textos aburridos…y mucho menos de los políticamente correctos. Me divierten los textos sorprendentes: los que cuentan una gran historia, los que me acercan un personaje extraordinario, los que me generan interrogantes, amo los textos que juegan.

Y en esta experiencia de jugar con el lenguaje merecen un capítulo aparte los caligramas. Un caligrama es una frase, una palabra o una poesía que tiene como finalidad formar una figura acerca de lo que trata; para eso, la tipografía, la caligrafía o el texto manuscrito se disponen de tal manera que el resultado final sea una imagen visual. La imagen creada por las palabras debe expresar visualmente lo que el texto escrito dice.

Guillaume Apolinaire es quizás el más famoso creador de caligramas.  Vivió solamente 38 años y tuvo una vida un poco azarosa y no del todo feliz. Todo ello no le impidió desarrollar la capacidad de jugar con algo tan serio y tan intocable como el lenguaje. Estos son algunos de sus trabajos:

La paloma apuñalada

También está lo que se conoce como poesía visual, que en esencia, es una forma más de jugar con las palabras, con las letras y las oraciones. Como ejemplo, esta creación del catalán Joan Brossa.

No le hago mal a nadie, simplemente me divierto. En fin, que lo importante es saber las reglas, sólo para después romperlas. Los dejo….pinta una patersiesta.

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2 pensamientos en “Saber las reglas y después romperlas”

  1. Me quedé pensando. Voy tendrías que hablar con mi mujer, otra gran innovadora del lenguaje. Una divertida neologista muy reconocida en su contexto escolar (es maestra). Aunque va a ser difícil, porque si las dos siguen así es posible que a esta altura ya estén hablando distintos idiomas.
    PD: En vez de “Claypole” su lugar de referencia remota es “Ciudad Evita”. Tampoco se van a encontrar…

    1. Y me quedaron muchas palabras fuera (algunas son irreproducibles por este medio). Me encantó lo de Ciudad Evita, eso sí: no es lo mismo que te manden a las fosas nasales que al rodete. Una vez alguien me dijo (literal) “Vivo en las fosas nasales de Evita”. Sin palabras.

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