Iconos: La magia no tiene fin

En una de mis últimas clases, no me quedó otra que explicarles el “signo” a mis alumnos de comunicación; y digo que no me quedó otra porque aunque a uno le pueda parecer superinteresante, vamos a convenir que ni Saussure y mucho menos Peirce son lo que se dice autores sencillos. Pero tenía que dar signo, tenía que dárselos a alumnos de 15 años y tenía que darles lo básico sin confundirlos. Una de las tareas más desafiantes de cualquier docente es poder acceder a sus alumnos con un lenguaje sencillo y claro, y al mismo tiempo tener ese poder de síntesis para determinar qué es exactamente lo que vale la pena enseñar, sabiendo que vamos a dejar un montón de cuestiones afuera (cuestiones que también son valiosas).

Así que arrancamos con signo binario y signo ternario, y cuando hablábamos de Peirce (a quien los chicos ya miraban con cara media rara) terminamos comentando su clasificación más conocida que es la que divide a los signos según la relación que tengan con su objeto. Peirce dice que según esta relación los signos pueden ser íconos, índices o símbolos. Ya lo escribí en otro post, pero lo vuelvo a copiar y pegar acá:

  • Un ícono es un signo que se asemeja a aquello que representa, lo imita. Lo asociamos con los términos de imitación o semejanza. Por ejemplo el dibujo de una taza remite por imitación o parecido a “cafetería”. Las fotografías también son iconos.
  • En segundo lugar los índices nos muestran algo sobre las cosas por estar físicamente conectados con ellas, nos indican, nos señalan. Existe una relación de continuidad: Un ejemplo clásico es el del humo que indica fuego o una huella que señala que alguien pasó por allí. Los amantes de la literatura policial no podríamos vivir sin esta clase de signos a la que vulgarmente se conoce como “pistas”.
  • Y por último están los símbolos, donde el signo no tiene ninguna relación directa (ni por semejanza, ni por continuidad) con el objeto; los símbolos son signos que han sido asociados con su significado por el uso o la convención.

Fue en ese momento cuando un alumno, a quien yo a veces le digo “Harry Potter” por una anécdota de hace dos años, desplegó toda su magia en clase. Ante mi pregunta: “Si yo les digo ícono ¿En qué piensan?¿A qué les suena?¿Qué se les ocurre?”, él con toda sencillez dijo: “Los emoticones“. Y ahí me quedé yo sorprendida, porque el ejemplo era obvio pero jamás se me hubiera ocurrido. Y esto por una razón fundamental: si bien sé lo que es un emoticón y alguna que otra vez los utilizo, no son parte central de mi vida, digamos que podría vivir sin emoticones (o eso creo), pero para un adolescente de 15 años los emoticones son una forma básica, fundamental y me animaría a decir casi natural de expresarse y comunicarse.

Y así ocurrió, como por arte de magia, estos pibes empezaron a descubrir que los signos nos rodean, nos permiten comunicarnos. No somos objetos, somos personas, y no sólo eso, somos personas en sociedad, es en la interacción con otros donde todos nuestros actos, ideas, creencias, etc. adquieren sentido. Para Peirce el problema central era saber cómo accedemos a la realidad, cómo conocemos. Claro, era filósofo. Y simplificando mucho, uno puede afirmar siguiendo a este autor, que sólo accedemos a la realidad en parte, porque un signo es “algo que está para alguien en lugar de otra cosa en alguno de sus aspectos o características”, es decir, la realidad y el conocimiento sobre ella nunca se nos presentan de manera completa, sólo podemos acceder a “lo real” parcialmente, en alguno de sus aspectos. Quienes nos acercan la realidad son los signos.

Por ejemplo, veamos esta imagen:

Si yo les preguntara, ¿Qué es? Muchos de ustedes lo reconocerían y me dirían que es el Café Tortoni, y yo les podría contestar que sí, pero esta vez voy a contestarles que no: esto no es el Café Tortoni, es una fotografía del Café Tortoni. Es algo que lo representa, que está en su lugar pero que no es, definitivamente, el Café Tortoni. Los porteños tenemos la suerte de vivir en la ciudad que alberga muchos cafés maravillosos como el de la foto; pero para quienes no tienen esa suerte, la única manera de conocer el Café Tortoni, de saber de su existencia, de enterarse de que efectivamente es real, es a través de esta fotografía Las fotografìas son signos, y dentro de la clasificación de Peirce, son íconos (porque son semejantes, análogas a aquello a lo que se refieren). Yo por ejemplo, sé de la existencia de la muralla china gracias a fotos y videos, y lo mismo me ocurre con la mayoría de los lugares, personas y objetos de este mundo. La realidad se nos presenta a través de los signos y nunca de manera acabada. Los dejo, me voy a tomar un café.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s