Mucho copyright, poco dominio público

“La creación

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la Luz”

(Génesis 1:1-3, Antiguo Testamento)

Cuando alrededor de 1450 Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles, el primer libro impreso fue la Biblia. Es que en esa época el monopolio del saber era detentado por la Iglesia. Y nada más lindo para explicar esto que compartir con ustedes este fragmento de la película “El nombre de la rosa” (1986, Annaud)

El oficioartesanal de copista paulatinamente se vió relegado frente al avance de la imprenta, incipiente industria de entonces que llega hasta nuestros días bastante crecidita. Es este avance tecnológico el que empieza a cambiar el panorama cultural, ya que ante la posibilidad de incrementar las copias como hasta nunca antes, los imprenteros empiezan a adquirir mayor protagonismo y poder. En algún momento de la historia, nos tropezamos con el copyright o derecho a copia, cuyo símbolo seguramente reconocen en casi cada cosa que consumen. Es interesante pensar cómo y porqué surge el copyright.

Lo que permitió la imprenta (y desde entonces cualquier otra tecnología que permita la reproducción masiva), no fue alterar la naturaleza de la producción, sino la de su  copia y distribución. Los autores siguen creando sus obras de la misma manera cómo lo han hecho siempre (a fuerza de ideas propias o ajenas), el cambio está en el modo en que esas obras llegan a sus destinatarios, o sea, a nosotros. La imprenta tuvo como una de sus primeras consecuencias que un trabajo que antes era realizado por muchos copistas, ahora se centralizaba en unos pocos imprenteros. Primer consecuencia de la imprenta: la concentración.

El primer antecedente histórico del copyright data de 1710. Se conoce como el Estatuto de la Reina Ana, y si bien se intentaba proteger los derechos del autor de la obra, terminó beneficiando a los editores. Esta norma puede resumirse en la siguiente idea: el autor otorgaba por 14 años, el derecho a copia de su obra a un editor (el que eligiera), una vez pasados los 14 años, el autor podía elegir prorrogar ese plazo por otros 14 años o elegir otro editor. Como vemos, se une (o se ata) al autor con un tipo de empesario, el editor. Con el paso del tiempo, las normas en materia de derecho de autor y copyright continuaron. En 1790, del otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, se mantiene la idea de los 14 años multiplicados por dos, pero ahora se extiende además de a los libros, a los mapas e impresos. En 1831 se extienden los plazos: de entrada los editores tienen derecho a copia por 28 años, con la posibilidad de extenderlo otros 14, lo que suma un total de 42 añitos. Y las extensiones no son solamente en el tiempo, ahora caen bajo esta norma los libros, los mapas, los impresos y las partituras. Esto sigue y sigue en la misma dirección, es decir, cada vez los editores tienen más años de derecho a copia y al mismo tiempo cada vez son más los bienes sobre los que pueden ejercer este derecho.Y así llegamos hasta la actualidad. Hoy, caen bajo el copyright: libros, mapas, impresos, partituras, obras de teatro, fotos, grabaciones, productos cinematográficos y software. Y desde el Convenio de Berna los plazos han seguido extendiéndose hasta llegar a ser de 70 años luego de la muerte de su autor.  Si hoy me compro la novela “Las palmeras salvajes” de William Faulkner (y dale con Faulkner) dudo mucho que mi dinero esté favoreciendo al creador brillante de esa novela. Y esto es así porque pese a que ya se cumplieron 50 años de su muerte, sus obras aún no entraron al dominio público. Otro concepto importante en todo esto:

El dominio público es la situación en la que quedan las obras literarias, artísticas y científicas cuando termina el plazo de protección del derecho de autor, plazo que se determina en una cierta cantidad de años luego de la muerte del autor (post mortem auctoris). Estos plazos se han ido extendiendo (como todo en la historia del copyright) e impiden que las obraspasen a ser parte del dominio público en un plazo sensato, de modo tal que, puedan ser utilizadas por cualquier persona. Yo entiendo que los herederos de un autor puedan gozar de sus derechos, es como cuando alguien hereda, por ejemplo, el negocio del padre. La diferencia, es que si yo no trabajo el negocio que heredé, lo fundo. Lo cual me lleva a pensar que estas leyes absurdas alimentan parásitos durante períodos exagerados.

El tema es largo, arduo y apasionante. Para saber más sobre propiedad intelectual y terminar de entender que copyright y derecho de autor no son lo mismo, pueden leer este artículo. Para entender porque dejaron de venderse libros después de los ´20 y que relación tiene esto con el dominio público pueden ver este gráfico. Para conocer alternativas al copyright pueden leer sobre copyleft o interiorizarse con las licencias creative commons.

Empecé está entrada con una cita de la Biblia que habla de la creación y de la luz, y es precisamente el respeto a las creaciones y a las ideas lo que me lleva a defender la cultura libre. Como dijo Thomas Jefferson : “Quien recibe una idea de mí recibe instrucción sin disminuir la mía, igual que quien enciende su vela con la mía recibe luz sin que yo quede a oscuras”. Los creadores crean muchas veces sobre ideas propias, pero entre nosotros, sabemos que la mayoría de las creaciones artísticas o científicas fueron posibles gracias a ideas de varios y a inspiraciones cruzadas. Este video lo explica:

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6 pensamientos en “Mucho copyright, poco dominio público”

  1. Hace tiempo corté este párrafo del Génesis y nunca lo pude incorporar coherentemente en una de las entradas sobre cultura libre y copyright de Las Netbooks No Muerden. Lo dejo en buenas manos:
    “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás.”
    Génesis 2:15.

    Curioso no? El conocido relato del Pecado Original habla explícitamente del dominio público con la excepción de la “ciencia”. En nacimiento del pecado… o del primer copyright a manos de ¿Dios?

  2. Me gustó!!! Prefiero ponerlo en palabras que pinchar un ícono. Posiblemente lo re-bloguée. El que avisa, no traiciona (pero nunca se fíe de un chorro).

  3. En otro orden de cosas. La pondré como sugerencia. Si le parece mala idea, chifle y con tristeza la sacaré.

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