No se puede tapar Internet con un dedo

Y luego, Internet. En algún momento Internet (y todo lo que esto implica) no pudo seguir siendo ignorado. Al igual que el sol, Internet no puede taparse con un dedo. El público, las audiencias, los lectores, la gente, estaban allí, como suele decirse, a un clic de distancia. Agazapados y al acecho. No voy a explicar el impacto que Internet tuvo en la sociedad en general, y en los medios en particular, pero sí es interesante rescatar  algunos momentos que ilustran esta relación entre sociedad,  medios e Internet.

22 de junio de 1994. Jim Gaines, editor gerente de la revista Time, como tantas veces, se hizo responsable por el material publicado en su revista. Lo novedoso fue el canal que utilizó: por primera vez un periodista de su relevancia lo hacía a través del ciberespacio. Días antes la revista había publicado esta tapa:

Quienes no conocen el caso O.J. Simpson pueden leer este artículo. Más allá del contenido de la nota, lo que desencadenó las protestas vía mail, fue el tratamiento de la imagen, pues Simpson aparecía algo oscurecido. Los lectores de la revista se enfurecieron porque de este modo se lo veía más siniestro, más culpable y más negro. A Gaines le pareció que no podía esperar 5 días para responder como lo hacía habitualmente a través de su columna, así que se disculpó a través de AOL (America on line) asegurando que no existía ningún tipo de alusión racial. Los tiempos para pensar, reflexionar, editar y construir las noticias se acortaban.

11 de septiembre de 2001. En Nueva York se produce el atentado contra las Torres Gemelas. Todos fuimos testigos de la innumerable cantidad de imágenes que se repetían a toda hora y por todos lados. Y cuando creimos que ya nada más podía ocurrir, estalló la blogosfera. Tal como señala Lawrence Lessig “además de estas noticias producidas sobre la tragedia del once de septiembre, aquellos de nosotros ligados a Internet empezamos a ver también una producción muy diferente. Internet estaba llena de relatos de los mismos acontecimientos. Sin embargo, esos relatos tenían un sabor muy diferente. Alguna gente construyó páginas de fotos que capturaban imágenes de todo el mundo y las presentaban como un pase de diapositivas con texto. Algunos ofrecían cartas abiertas. Había grabaciones de sonido. Había rabia y frustración. Había intentos de proporcionar un contexto. (…) Había ABC y CBS, pero también había Internet.”

La blogosfera mostró su cuestión de ser: daba la sensación de apertura del debate público, de democratización de las relaciones, y lo que es mejor, sin tener que estar en el mismo lugar y al mismo tiempo, parecía posible algo así como un  agora a libre demanda. Si bien 2001 no es 2012 y se habla de la muerte de los blogs, lo que es innegable es que cualquiera (o casi cualquiera) podía plantear, discutir, decir, opinar, y eso, sin las presiones económicas a los que son sometidos los periodistas (especialmente los de los grandes medios). “La blogosfera (…) permite una gama mucho más amplia de fuentes para una historia, tal y como revelan las informaciones sobre el desastre de Columbia, cuando cientos de personas por todo el sudoeste de EE.UU. fueron a Internet a contar lo que habían visto. Y hace que los lectores lean a través del espectro de relatos y, como dice Winer, triangulen la verdad.

Y finalmente. 25 de enero de 2011. La primavera árabe. El hashtag más popular durante 2011 fue #egypt. Si bien no sería sensato atribuir la causas de estas revueltas a Internet, ya que las mismas son mucho más profundas y tienen que ver con cuestiones como el precio de los alimentos, el desempleo, la ausencia de libertad y la nula participación democrática, tampoco sería sensato negar el protagonismo que tuvieron las redes sociales. Las nuevas generaciones hicieron estallar Facebook y Twitter, para convocarse y organizar sus acciones, no tan fascinados con las nuevas tecnologías como hartos de sus gobernantes. A las manifestaciones de indignados (pero estos son indignados en serio), el gobierno egipcio respondió prohibiendo el 28 de enero el acceso a Internet. Pero nada detuvo a los hombres y mujeres movilizados. Hubo autoinmolaciones, masivas protestas en las calles, ataques a comisarías y oficinas públicas, enfrentamiento entre facciones de la sociedad civil y ataques a la prensa. Finalmente, Murakab dimite de la presidencia, y el saldo fueron más de 800 muertes.

La culpa no fue de twitter, pero que ayudó, ayudó.  El panorama se renueva, ahora la lucha civil también parece ser on line ¿Será suficiente?

Referencias bibliográficas:

Las citas de Lawrence Lessig pertenecen a su libro Free Culture que pueden descargar directamente desde acá
Para el caso O.J. Simpson se consultó el artículo  “Darse a conocer on line ¿Qué sucede cuando el público llega hasta usted desde el ciberespacio?” de Jennifer Wolff en Columbia Journalism Review nov/dec 1994

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