Entre el globish y el paterenglish

“De aprender no se termina nunca”. Estoy segura  de que alguna vez escucharon esta frase, versión aforística de la famosa capacitación permanente. En los tiempos que corren, los tiempos 2.0 ó 3.0, el que no está todo el tiempo haciendo un curso, estudiando una carrera, terminando el postítulo o recibiendo por correo las instrucciones detalladas de cómo decorar tortas para bodas en tres meses, básicamente, no existe. Yo misma supe ser feliz cuando terminé mi licenciatura apenas nacido el nuevo milenio. Chocha estaba. Me acuerdo de que un día seleccioné todos mis apuntes, y con absoluta seguridad, decidí que la mitad iban a la basura. Así, con ese gesto que para algunos roza el pecado, me ahorré varios años de terapia (especialmente porque los primeros que tiré fueron los de psicología). Y apenas me recibí, dije que iba a hacer otra carrera. Claro, una los comete, pecados de juventud.

Diez años más tarde autocumplo mi profecía: vuelvo a mi hermosa facu de sociales (otra vez, pero en otro edificio: va el tercero) para hacer las materias pedagógicas y ser profesora con título docente (sí: pueden ponerse de pie). Dos añitos le voy a poner. Así que acá estoy con mis trabajos, las tres materias de la facu que decidí hacer este cuatrimestre, un postítulo del ministerio de educación on line (juro que empiezo a odiar las plataformas virtuales y los comentarios en los foros), el curso libre bus que arranco el lunes y todo eso. Todo eso es la vida, la que nos pasa a cada rato justo al ladito, a esa vida me refiero.

Y es gracias a esa vidita, la 1.0, que vuelvo a recordar la lección que aprendí la primera vez que estaba en la facu. Al conocimiento hay que buscarlo en todas partes, o mejor dicho, hay que estar dispuesto a saber encontrarlo enigüer, ahí, al ladito. Está en la facultad, en los libros, en la academia. Pero también está en el barrio, en la gente que nos cruzamos y en Racing. Y otra vez la vidita mía me había puesto en el aula con mi pareja pedagógica y hablábamos de cosas importantes, cosas académicas: concepto de público y privado. Y para hacerlo decidimos usar un texto de mi querido García Canclini, el que aprendí a querer en la facu. En este texto, el autor comienza diciendo: ¿Se acuerdan en qué hubo épocas en que lo público era un espacio? Y luego explica básicamente la compleja relación entre lo público y lo privado, y su relación con los medios, para terminar hablando de los territorios. Es interesante y si quieren pueden leerlo acá.

Les decía que estaba en el aula y mi pareja pedagógica explicó muy bien esto con un dibujito que parecía una parte del infierno del Dante, unos círculos dentro de otros. Simplifico: nos movemos entre lo global, lo nacional y lo local. Se superponen, y en cada esfera tenemos que manejar cuestiones, saberes y hasta lenguajes diferentes. Por ejemplo, a nivel internacional tenemos que comunicarnos con el inglés. “Le dicen Globish, explica mi compañero”. Y a mí me decís globish, y en lo último que pienso es que es en serio. Pero parece que sí: existe el globish. Eso aprendí yo hace unos días, y es interesante, porque parece que es el inglés que cobra sentido cuando viajamos o viene alguien que no habla nuestro idioma y nos encontramos a medio camino, usando las palabras de otro idioma, pero no como las usan los angloparlantes, sino como nos sirve usarlas a nosotros, como podemos. Un conocimiento que tiene que ver con la necesidad y con el uso, con la apropiación. Is biutiful porque yo tenía mi propia versión del globish sin saberlo. Si el globish es un inglés descafeinado como dicen, mi paterenglish es como un mate que no se le niega a nadie. El paterenglish (no insistan: no está en Wikipedia), es el inglés que se habla en La Paternal.

Les doy un ejemplo. Alguien toca la puerta “Ju is?”, decimos fuerte del otro lado, porque el paterenglish no se susurra, ni se dice, medio como que se grita porque parece que así se entiende más. “Soy yo, vieja”, te dice tu hijo adolescente que se olvidó otra vez la llave. “Ju?” repite uno, bien fuerte (siempre bien fuerte). Y el adolescente sacude la cabeza porque no puede creer que de todas las madres del mundo le haya tocado una que se empeña en hablar paterenglish. “Is mi”, dice resignado, y enseguida agrega: “ior san, open de dor”. Y es en ese momento, cuando nos dan ganas de tener otro hijo, uno que no  se olvide las llaves en todos lados, uno que no te ordene abrir la puerta, es ahí cuando nos sale con nuestro mejor acento: “Open de dor, iu sei?”.

(“Open de dor, dis uan”, lo pensamos… pero no lo decimos)

Ese es el paterenglish, el inglés que se aprende en La Paternal. Y así, entre el globish y el paterenglish transito mis días, buscando el saber, encontrándome la vida. Y pensando seriamente si para ser académica algún día tendré que hacerme de Racing. Y hablando de fútbol (temas que me apasionan si los hay…)

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