La escuela posmoderna

“Hasta hace muy poco tiempo, los mayores podían decir: “¿Sabes una cosa? Yo he sido joven y  nunca has sido viejo” . Pero los jóvenes de hoy pueden responder: “Tú nunca has sido joven en el mundo en el que yo lo soy, y jamás podrás serlo”.(1)

Esta frase de Margaret Mead fue el disparador para pensar aquello que ocurre en las escuelas. Armé mi propia versión y llegué a la conclusión de que nuestros alumnos podrían decirnos algo así como: “Tu nunca has sido estudiante en la escuela en la que yo lo soy, y jamás podrás serlo”. El discurso escolar está conformado por sujetos, prácticas, valores y elementos diversos que se relacionan entre sí, pero no siempre lo hacen de la mejor manera, o al menos de la manera esperada. Ya no.  Frente a la pregunta de qué clase de discurso escolar construyen hoy nuestras sociedades, voy a pensar en voz alta acerca de lo que empecé a llamar “la escuela en tensión”.

Hablo de la escuela en tensión porque está construyéndose todo el tiempo sobre un discurso que incluye elementos que podríamos considerar, precisamente, en tensión. Por empezar, podemos notar que en nuestras escuelas conviven sujetos constituídos  y escolarizados en dos paradigmas diferentes: el de la Modernidad y el de la Posmodernidad. Escuchamos hasta el hartazgo aquello de  “Hoy la escuela enseña contenidos del siglo XIX, con profesores del siglo XX, a alumnos del siglo XXI” (2) . Esta frase sintetiza la primera tensión que, como ya se habrán imaginado, es la de la Modernidad y la Posmodernidad. De todas las instituciones del proyecto modernizador de fines del siglo XIX en la Argentina, nuestra escuela es seguramente el mejor ejemplo. Las escuelas nacionales fueron pensadas para que todos pudieran avanzar y progresar bajo la luz de la razón y de la ciencia, escuelas ideadas por los países centrales con un discurso fuerte y totalizador, que era además el discurso de la Verdad (una verdad única, con mayúsculas e indiscutida). La escuela moderna fue la institución para todos, en el sentido que buscaba homogeneizar (que no es lo mismo que igualar), pretendía disimular las diferencias y allanar los conflictos. Y así, la escuela moderna, la que se pensó a fines del siglo XIX, sí, la de Sarmiento, la de la ley 1420, se incrustó en nuestro imaginario social como el lugar por excelencia para cumplir los sueños de progreso, ascenso social e igualdad.

escuela moderna

Hoy se puede problematizar esto, pero tampoco se puede negar que parte de ese proyecto se cumplió: mis padres, nacidos en la década del ´30, se educaron en la escuela pública del barrio. Y  recuerdan que a esa escuela iban todos: el hijo del doctor, el hijo del carnicero, el del empleado público. También recuerdan que muchos, pese a ser hijos de inmigrantes sin estudios secundarios, se convirtieron en la primera generación de universitarios en sus familias y formaron parte de la famosa clase media. Yo hago mi propia lectura: no es que la escuela igualara, porque vamos a convenir que no es lo mismo ser hijo del doctor que del barrendero, pero discursivamente, por lo menos, la escuela tenía pretensiones de homogeneización (con sus pro y sus contra). Hoy podemos pensar que ese “piso común” se desdibujó: en su lugar existen escuelas pobres para pobres y escuelas ricas para ricos; e incluso dentro de la oferta de las escuelas públicas de gestión estatal existen diferencias notables entre el Norte y el Sur de la ciudad.

Hoy la escuela está fragmentada (algunos dirían que este es un rasgo de la posmodernidad) porque en ella circulan discursos variados, se han multiplicado las voces, emergen muchas minorías diferentes, se evidencia la contradicción y el conflicto. Esta idea del caos, para algunos es positiva y para otros no, pero lo que sí evidencia es que la escuela de hoy está signada por la diferencia. A esto se suma nuestra segunda tensión que tiene que ver con el saber: la voz del maestro como portador de una verdad indiscutida ha perdido peso pues se alzan otras voces, otras verdades y entonces la escuela, como aquella institución moderna encargada de la transmisión del saber (y específicamente del saber letrado), ha perdido su monopolio. En el presente cae ese discurso monolítico y en cambio surge un escenario polifónico. Esto puede pensarse como un lugar donde se han perdido las certezas y la incertidumbre se ve como una amenaza; pero también puede pensarse como un ámbito de libertad y diversidad que permite la emancipación. Así está nuestra escuela tensionada por las incertidumbres y los “muchos” que allí hablan. Como dice Giroux “Aquí, la cuestión pedagógica es enunciar la diferencia como parte de la construcción de un nuevo sujeto, que sea a la vez múltiple y democrático”.(3)

Si hasta hace algunas décadas la función de la escuela era claramente la de ser el lugar en donde el saber se transmitía, hoy vemos que el saber circula y se produce en otros lugares. La escuela ha perdido, en parte, su función de ser la transmisora privilegiada de los saberes que cada sociedad requiere. Jesús Martín Barbero explica que el saber atraviesa tres des-órdenes:

  1. El saber especializado
  2. Las nuevas tecnologías
  3. Y el descentramiento del eje letrado (que es el que más me interesa). Para explicarlo voy a citar al autor:

Finalmente, el más claro desordenamiento que introducen los medios audiovisuales y las tecnologías digitales al des-ubicar y des-centrar el saber de su doble confinamiento en el espacio de la escuela y en el tiempo del aprendizaje escolar. Hoy, una gran parte de los saberes, y quizás de los más importantes y socialmente valiosos, no pasan ya por la escuela ni le piden permiso  a la escuela para circular por la sociedad. (4)

Escuela versus medios. El saber está ahí, en todas partes, y esto es algo que la escuela tiene que aceptar y en todo caso, utilizar a su favor.  Los medios en general e Internet en particular son un mega archivo que además, permite estar en contacto con otros. Todos recurrimos  a los medios para informarnos. Ya no necesito a mi profe de historia para que me explique el problema de Medio Oriente: tengo un gran archivo de películas y documentales on line, libros digitalizados, puedo acceder a medios nacionales e internacionales, y hasta puedo seguir el conflicto en tiempo real vía Twitter. El meollo es reestablecer el rol del docente en el aula: ¿Qué es lo que un docente puede aportar a la clase si ya no va a ser exclusivamente su saber erudito? No es que no sepa, es que con saber no alcanza, porque uno puede saber mucho y muy bien pero los pibes se te duermen en clase. Y es así que llegamos a una nueva tensión.

Vamos a pensar la idea de transmisión, y acá me sale la comunicadora de adentro. Existen muy pocas situaciones que ilustren tan bien el concepto de comunicación como aquello que ocurre en las aulas. ¿Qué modelo de comunicación habilitan nuestras escuelas? ¿Qué lugares ocupan los sujetos escolares en esos modelos? Por un lado tenemos la famosa educación bancaria donde alguien que tiene el saber lo deposita en otro que no lo posee: es un modelo unidireccional, vertical y donde la transmisión es un mero traspaso de información. Esto que yo sé, te lo cuento a vos (y es así).  Otro modelo propone en cambio, que se produzca un intercambio, que haya una puesta en común, que exista la reciprocidad, la multilateralidad. Maravilloso concepto de la comunicación que trato de poner en práctica no siempre con buenos resultados porque tengo que admitir que los cursos de psicología y relaciones públicas se me vienen escapando con una habilidad prodigiosa. Pero en todo esto de la transmisión, también se cuestiona aquello que queda afuera (lo que no se transmite), por otra parte, la transmisión no ocurre ya desde los adultos hacia los jóvenes, sino que aquello que mis contemporáneos, mis pares me transmiten también es tenido en cuenta y tiene el mismo (o más ) valor que el saber de los mayores. Y finalmente si hablamos de transmisión, es imposible no pensar en el pasado, es decir, qué parte del pasado contamos y de qué manera. La memoria también es parte de la historia de los sujetos, así cómo existe una memoria de aquella vieja escuela nacional que nos dificulta pensar y vivir la escuela presente, de la misma manera también los currículos desbordan memoria. La cuestión acá, con este temita de la transmisión y de la memoria, es poder dilucidar qué del pasado se hace presente, y de qué manera. Qué lectura hacemos de nuestro pasado y mejor aún, cómo podemos interpretar nuestro presente a la luz de los hechos pasados. Y estas cuestiones nos llevan a la última tensión por hoy.

Para terminar, existe una tensión entre diferentes temporalidades. En el tiempo de la escuela se superponen temporalidades diferentes: la más obvia y que estuvimos pensando es aquella que enfrenta a diferentes generaciones, cada una con una idea diferente acerca de qué es educar y qué es aprender. Es la famosa brecha generacional. Pero también están las diferentes ideas de escuela que habitan el imaginario social. En la escuela de hoy coexisten el ideal de escuela que todavía mantiene muchos de los rasgos de la escuela moderna, el caos amado y odiado de la escuela posmoderna y también otra escuela, diferente, difícil de nombrar, porque vamos a convenir que estamos en la Argentina y el debate moderno-posmoderno en estas latitudes toma otros rumbos. Personalmente arriesgo la tesis de que la escuela moderna en nuestro país quizás nunca haya llegado a completarse, y si lo hizo, hace mucho tiempo que dejó de cumplir esas funciones soñadas. En conclusión: hace muchos años que nuestras escuelas dejaron de ser modernas, sólo que tardamos un poco más en darnos cuenta. Pero vuelvo al tema del que hablábamos que es el de la temporalidad.

La temporalidad también insiste en la memoria, los vínculos entre pasado, presente y futuro. Henry Giroux retoma la idea de Foucault de contramemoria como el ejercicio de no tomar todo saber , toda historia o todo relato como algo heredado, es decir, algo que es así, que se naturaliza y no se discute. Al contrario, en su pedagogía de los límites Giroux propone precisamente leer el pasado desde una postura crítica, “a contrapelo”, para poder pensar  o proyectar un futuro, para poder entender mejor el presente. La lectura crítica del pasado, implica un ejercicio de democracia, pero también una herramienta de poder, y un modo de fortalecer la vida pública. Para este autor la diferencia es central.

 La contramemoria nos proporciona una herramienta teórica para restablecer la conexión entre el lenguaje de la vida pública y el discurso de la diferencia.

La rememoración trata de fijar, en beneficio de los alumnos, las limitaciones de cualquier relato que reclame finales predeterminados (…)

La contramemoria está atada a una visión de la vida pública que revive la lucha permanente por la diferencia y sitúa esta diferencia dentro de la lucha más general por la justicia cultural y social. La contramemoria sirve de base y justificación racional de un tipo particular de pedagogía (…)

Frente a esta cuestión de la transmisión y de la  contramemoria es una buena pregunta el tipo de conocimiento que tienen que transmitir (o posibilitar) los docentes. Un conocimiento que no niegue la diferencia, que apunte a la libertad y a la democratización social…una pavada, ¿no?

descargaFinalmente, luego de recorrer todas estas tensiones que atraviesan el discurso escolar podemos empezar a pensar que el discurso escolar construye sujetos en tensión. Tironeados por narrativas diferentes, por brechas generacionales y tecnológicas, sacudidos por verdades hasta contradictorias, los sujetos que transitan las escuelas tienen que saber cómo transitarlas: los docentes, los alumnos y todos los que allí se animen a entrar. He leído mucho sobre escuelas fragmentadas y hasta estalladas. Pero para mí, además de estas metáforas, también hay que empezar a pensar nuestras escuelas desde estas tensiones y tratar de avanzar. Encontrar en la tensión no un obstáculo, sino un desafío.

Referencias bibliográficas:

(1) MEAD, Margaret: “El presente” en Cultura y Compromiso. Estudio sobre el cambio generacional.

(2) La frase pertenece a una entrevista en El Mercurio a Juan Ignacio Pozo. Pueden leerla aquí.

(3) GIROUX, Henry”: La pedagogía de los límites en la era del posmodernismo”

(4) MARTÍN BARBERO, Jesús: “Ensanchando territorios en Comunicación y Educación”. Publicado en C.E.Valderrama(Edit.),Comunicación-Educación: coordenadas, abordajes, travesias, Diuc/Siglo del Hombre,Bogota, 2000. Y si les interesa pueden leer el artículo completo aquí.

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9 pensamientos en “La escuela posmoderna”

  1. la parió… esto es un artículo, no un post.
    Voy por GIROUX, Henry”: La pedagogía de los límites en la era del posmodernismo”. No leí nada de él. A Barbero si, pero no el artículo que enlazó.
    Me encantó esta entrada.
    La escuela era un instrumento para la sociedad de la disciplina, junto con la familia, el ejército y la cárcel. En Deleuze, Postdata a la sociedad de control (http://catedras.fsoc.uba.ar/rubinich/biblioteca/web/adeles.html), se ve el cambio de la sociedad de la disciplina (que es la que describe Foucault en vigilar y castigar) que dio paso a una sociedad de control. (cuando lo escribió no existía Facebook) http://catedras.fsoc.uba.ar/rubinich/biblioteca/web/adeles.html
    En este nuevo orden, la escuela juega un nuevo rol y está en construcción.
    Por otra parte, hay un aspecto a considerar: la escuela como la reproducción de la asimetría. A la escuela pública y gratuita van los que no pueden pagar. Ya no es un escenario de encuentro de mundos/clases entre alumnos. Ahí no está solo el problema generacional analógico/digital, o el rol del docente como depositario del saber en un modelo bancario vs un rol de animador.
    Abrazo

    1. Voy a leer tus enlaces, gracias! A Giroux lo descubrí el año pasado, que me puse a hacer las materias de mi carrera para el profesorado. De hecho, esta idea de la escuela en tensión fue el tema que preparé para dar el final de una de esas materias, “Comunicación y Educación”. Así que yo también tengo que seguir leyendo a este tipo, porque viste que las buenas materias son las que no terminan cuando termina el cuatrimestre sino las que no cierran nunca más. Saludos y gracias por los comentarios.

    1. Gracias Xavo! Muchas de las ideas están tomadas a partir de autores que cito ahí y a los que recomiendo leer. El tema de la educación en general y de la escuela en particular nos involucra a todos de una manera u otra. Gracias por leerlo. Saludos.

    1. Muchas gracias! Esta entrada la escribí cuando preparaba un final para una materia en la facultad (como señalo), así que los créditos de inspiración van para “Comunicación y educación”. De todas maneras hay otras tensiones que se podían incluir, pero realmente quedaba muy largo.Saludos.

  2. Fabuloso articulo quede encantado de diste vuelta la cabeza ojala sigas escribiendo lo haces muy ameno y muy interesante

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