La globalización explicada con un caballo

¿Se puede entender la globalización  a partir de los caballos? Intentémoslo: Lo que sigue es  la accidentada crónica de una globalización instalada (1):

16 de enero de 2013. Las autoridades de protección al consumidor de Irlanda e Inglaterra tuvieron que hacer un esfuerzo por anunciar que en las hamburguesas congeladas se habían encontrado rastros de ADN de caballo. Inmediatamente subrayaron que se había tratado de un accidente para luego aclarar que la carne de caballo bajo ningún punto de vista era nociva para la salud. La aclaración no le sirvió de nada a Mrs. M, quien precisamente acababa de dar un mordisco a su hamburguesa. Mientras las noticias desarrollaban el tema, explicando que se sospechaba de proveedores holandeses y españoles, la mujer había comenzado a vaciar en la basura los platos de toda la mesa ante las miradas atónitas (y hambrientas) de sus hijos. Los medios insistían en que el problema no era la carne de caballo en sí, sino que estuviera donde no tenía que estar. Pueden imaginarse la indignación de Mrs. M

17 de enero. Mrs. M jamás había violado una ley, y por eso, de camino a la escuela de sus hijos, se detuvo justo antes de que el semáforo pasara a rojo y aprovechó para encender la radio. Las autoridades insistían en que no era ilegal vender carne de caballo, lo que produjo un rictus imperceptible en el labio inferior de Mrs. M, al mismo tiempo que explicaban que lo ilegal era etiquetarla erróneamente. Esa mañana los niños llegaron a su escuela casi al mismo tiempo que el problema de la carne contaminada llegaba al Parlamento británico. La gran rueda del comercio europeo había mostrado su talón de Aquiles: a nadie le importaba si los productos procesados en Inglaterra e Irlanda se habían hecho con carne que provenía de otro país, lo único que les importaba era que a nadie le apetecía comer caballo. 

24 de enero. Mrs. M llevó a uno de sus niños a un festejo de cumpleaños en uno de esos locales de comida rápida, lo que le producía el pequeño placer de no tener que cuidar al menos a uno de sus hijos por unas horas (aunque fueran pocas). Cuando regresó, acababa de enterarse que la empresa Burger King anunció que no le compraría más carne a la empresa que vendía el producto donde se hallaron los rastros de ADN equino. En la cara de Mrs. M no quedaban  rastros de aquel placer que había sentido minutos antes.

7 de febrero. Mrs. M desconsolada, vació su freezer y tiró (esta vez con furia) las lasañas congeladas que había comprado en una cadena de supermercados. Esa semana sometió a su familia, no sin recelo, a una estricta dieta de verduras , arroz y pasta. Su amante esposo, pensó en quejarse por el incierto vegetarianismo que estaba tomando su vida, pero después de reflexionar, y sobretodo, de echarle una mirada a su esposa, entendió que lo mejor era callarse la boca.

lasagna

11 de febrero. Lo que para el amante esposo deMrs. M se perfilaba como la peor crisis de su matrimonio desencadenado por la dieta familiar, para la comisión europea era una crisis sanitaria. A ambos les costaba admitirlo. Ese mismo día, el hijo menor de Mrs. M terminó en la dirección de la escuela luego de pelearse con su compañerito extranjero, ya que según su madre los extranjeros, y especialmente los rumanos, eran los culpables de todos los males del mundo. Esto lo había asegurado después de escuchar que la carne equina procedía de aquel país.

13 de febrero. La cena en la casa de Mrs. M era deprimente para su amante esposo y sus niños. Y así como crecía la depresión en la casa de la familia crecía el escándalo de las carnes puertas afuera. Si no fuera porque existían los rumanos, el mercado europeo, las grandes cadenas transnacionales, la comida congelada y la mar en coche, todo seguiría siendo, como en los viejos tiempos, feliz y normal .

14 de febrero. Mrs. M paseaba por las góndolas leyendo exhaustivamente las etiquetas antes de colocar los productos en su carrito. Luego de las detenciones sabía que no podía comprar hamburguesas, ni lasañas congeladas, ni caldos de ternera, ni salsa para spaghetti, ni sopa de chile con carne. En Alemania, sus pares comenzaban a hacer lo mismo.

19 de febrero. Mrs. M. no hacía más que pensar en sus próximas vacaciones. Se imaginaba con sus hijos y su amante esposo en las cálidas costas de Andalucía. Claro que aún no sabía nada acerca de los productos con carne de caballo que se habían encontrado en España. Mrs. M todavía no lo sabía, pero el mundo feliz y pequeño que había construido en su cabeza no existía más. Ahora el mundo se trataba de un lugar incierto donde cada pequeña cosa que ocurría en un lugar tan poco familiar como Rumania podía terminar arruinándole los almuerzos a una bella familia que se creía protegida al Norte de una isla.

Luego se supo: La firma Draap Trading con sede en la isla de Chipre le compraba carne de caballo a los rumanos. Luego la vendía a Francia y otros países europeos. Todo esto estaba a cargo de un holandés que además tenía cuentas en un paraíso fiscal. Claro que a los franceses no les preocupaba tanto como a Mrs. M todo este lío alrededor de la carne de caballo.

28 de febrero. Que un rumano faenara carne de caballo que luego vendía a un holandés, y que éste tuviera contactos con una empresa con sede en Chipre, y más aún , que la empresa en cuestión revendiera esta carne como si fuera de vacunos para ser procesada en varios países de Europa, que parte de ese dinero se depositara en un paraíso fiscal, poco y nada le importaba a Mrs. M , quien a esta altura del escándalo de las carnes se siente, como nunca antes, herida en lo más hondo de su corazón de madre. Que a los irlandeses les resulte inconcebible comer caballo no tiene nada que ver con que en el mundo haya pobres y ricos ¿o sí?

Así es como se puede explicar la globalización a partir de  un caballo. Tratados comerciales que unifican a grandes regiones que aún mantienen pautas de consumo diversas. Brechas entre ricos y pobres. Economías descentralizadas (porque bien que le gustaba veranear en otros países pero no comer lo que ellos). Gobiernos que tienen que tratar temas impensados de hechos originados muy lejos de sus fronteras. Tabúes culturales locales arraigados que aún no saben cómo lidiar con esta posmodernidad a ultranza.

Este es un mundo globalizado, nos guste o no. 

Para saber más, pueden leer estas notas:

Diario de La República

Página/12

Diario Popular

Cronología completa

Escena del caballo en el padrino http://www.youtube.com/watch?v=nDjZSxajEtk

(1) A fines narrativos se creó el personaje de Mrs. M y varios datos son ficticios. Para saber la verdad, remitirse a los links.

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Un pensamiento en “La globalización explicada con un caballo”

  1. Puajjjj….
    ¡¡¡¿¿¿Había necesidad???!!!!
    Ahora me quedé impresionado con la cabeza de caballo sangrando.
    Me vengaré… pere un cacho que lo busco.
    Ya tá.
    Véase esta escena de la peli El tambor de Hojalata, basada en el libro de Günter Grass
    (Le pongo la peli completa, pero la escena está en el minuto (0:55:00)

    No se sienta mal. Su relato sobre la globalización y la historia de la carne de caballo están buenos.
    Un abrazo

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