Archivo de la categoría: Comunicación

Esto no es una despedida

Este blog fue, durante muchos meses, un lugar donde pensar y compartir. La comunicación y la educación se entrelazaron en este espacio que hoy decido mantener tal como está. Por ahora (y ya desde hace mucho tiempo) no habrá más entradas en el toro por las astas, pero lo volcado hasta acá estará disponible en esto que llamamos “la nube”. Ojalá que ayude a otros a pensar y compartir como lo hizo conmigo.

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Medios: realidad y ficción (parte 1)

Los medios dicen, expresan, cuentan, exponen, muestran, relatan, y lo hacen, muchas veces, mezclando ficción y realidad. La fascinación por hacernos creer cosas que no son ciertas, la astucia de decir verdades aparentemente falsas. Estos modos de contar responden a diferentes objetivos y generan una variedad de productos y géneros que parece no tener fin. Y para empezar, es mejor arrancar con la mentira. Existen infinidad de productos mediáticos creíbles, pero falsos: uno de mis preferidos es el mockumental (o falso documental), género que recrea una ficción tomando elementos propios del documental. Se utilizan herramientas como la cámara en mano, los testimonios de los personajes, las miradas a cámara  (algo impensable en el cine y la televisión de ficción hasta hace unos años) y el seguimiento cámara en mano de los personajes a través de sus aventuras (tal como lo hacen los camarógrafos de noticieros siguiendo a los cronistas).

Existe una gran diversidad de mockumentales, algunos permiten reconocer inmediatamente que se trata de una ficción, como en la serie The Office.

 

Pero también están los casos de mockumentales que toman desprevenidamente al espectador y le hacen creer que se trata de una realidad documentada. Uno de los ejemplos más interesantes es “I´m still here”, mockumental protagonizado por el actor Joaquin Phoenix, donde se cuenta la supuesta crisis actoral de su protagonista quien decide, en medio de una exitosa carrera y luego de ser premiado, dedicarse al hip hop. Lo central para lograr esta credibilidad fue que durante un año, el actor efectivamente llevó adelante, junto con su equipo de rodaje, un montón de “puestas en escena”: salieron notas que reflejaban su cambio de humor, se insinuó una fuerte adicción a las drogas, la prensa se preguntaba por su cambio de look y por sus peleas con la prensa. Y ni que hablar de su aparición en uno de los programas más vistos de Estados Unidos.

Mientras, se presentaba en algunas discos e intentaba hacer hip hop. Todo era parte del mockumental (claro que nadie lo sabía aunque algunos lo sospechaban). Y hay más todavía, durante ese año el actor tuvo una cuenta de twitter (https://twitter.com/joaqdoc) que no hacía más que alimentar los rumores.

J. Phoenix al recibir su Golden Globe, justo antes de su "crisis actoral"
J. Phoenix al recibir su Golden Globe, justo antes de su “crisis actoral”

Lo que anunciara Umberto Eco hace unas décadas, que estábamos en presencia de la Neo Televisión, parece cumplirse cada vez más.

“La característica principal de la Neo TV es que cada vez habla menos (como hacía o fingía hacer la Paleo TV) del mundo exterior. Habla de sí misma y del contacto que está estableciendo con el público” (Eco, “TV: La transparencia perdida” en La estrategia de la ilusión)

¿Qué producen productos como los mockumentales? ¿Qué efectos enunciativos se ponen en juego cuando cada vez más ficción y realidad desdibujan sus límites?

“En resumen, estamos hoy ante unos programas en los que se mezclan de modo indisoluble información y ficción y donde no importa que el público pueda distinguir entre noticias “verdaderas” e invenciones ficticias. Aun admitiendo que se esté en situación de establecer la distinción, ésta pierde valor respecto a las estrategias que estos programas llevan a efecto para sostener la autenticidad del acto de enunciación.
Con este fin, tales programas ponen en escena el propio acto de la enunciación a través de simulacros de la enunciación, como cuando se muestran en pantalla las cámaras que están filmando lo que sucede. Toda una estrategia de ficciones se pone al servicio de un efecto de verdad.”(Eco, “TV: La transparencia perdida” en La estrategia de la ilusión)

Pareciera que lo único que le importa a la televisión es hablar de sí misma con esta capacidad autorreferencial inagotable. Programas de TV que comentan y reproducen otros programas también de la pantalla chica, personajes que no son ni periodistas, ni estrellas del espectáculo, sino “mediáticos”. Y todo reforzado, ayudado y acompañado por otros medios.

J. Phoenix durante el rodaje de "I´m still here"
J. Phoenix durante el rodaje de “I´m still here”

Lo interesante del caso de “I´m still here” es precisamente de qué manera se valió de otros medios para generar la puesta en escena. Otros programas de televisión, cobertura de prensa gráfica, televisiva y radial, redes sociales, etc. De no ser por toda esta parafernalia  hipermediática puesta a su servicio, “I´m still here” hubiera sido imposible. Hoy, una serie de TV, ya no es más solamente una serie de TV: es la saga, los bloopers, los comentarios en otros programas, las apariciones de sus protagonistas en los medios y ni qué hablar de sus cuentas de Twitter. Como decía, una serie de TV ya no es más solamente una serie de TV

La globalización explicada con un caballo

¿Se puede entender la globalización  a partir de los caballos? Intentémoslo: Lo que sigue es  la accidentada crónica de una globalización instalada (1):

16 de enero de 2013. Las autoridades de protección al consumidor de Irlanda e Inglaterra tuvieron que hacer un esfuerzo por anunciar que en las hamburguesas congeladas se habían encontrado rastros de ADN de caballo. Inmediatamente subrayaron que se había tratado de un accidente para luego aclarar que la carne de caballo bajo ningún punto de vista era nociva para la salud. La aclaración no le sirvió de nada a Mrs. M, quien precisamente acababa de dar un mordisco a su hamburguesa. Mientras las noticias desarrollaban el tema, explicando que se sospechaba de proveedores holandeses y españoles, la mujer había comenzado a vaciar en la basura los platos de toda la mesa ante las miradas atónitas (y hambrientas) de sus hijos. Los medios insistían en que el problema no era la carne de caballo en sí, sino que estuviera donde no tenía que estar. Pueden imaginarse la indignación de Mrs. M

17 de enero. Mrs. M jamás había violado una ley, y por eso, de camino a la escuela de sus hijos, se detuvo justo antes de que el semáforo pasara a rojo y aprovechó para encender la radio. Las autoridades insistían en que no era ilegal vender carne de caballo, lo que produjo un rictus imperceptible en el labio inferior de Mrs. M, al mismo tiempo que explicaban que lo ilegal era etiquetarla erróneamente. Esa mañana los niños llegaron a su escuela casi al mismo tiempo que el problema de la carne contaminada llegaba al Parlamento británico. La gran rueda del comercio europeo había mostrado su talón de Aquiles: a nadie le importaba si los productos procesados en Inglaterra e Irlanda se habían hecho con carne que provenía de otro país, lo único que les importaba era que a nadie le apetecía comer caballo. 

24 de enero. Mrs. M llevó a uno de sus niños a un festejo de cumpleaños en uno de esos locales de comida rápida, lo que le producía el pequeño placer de no tener que cuidar al menos a uno de sus hijos por unas horas (aunque fueran pocas). Cuando regresó, acababa de enterarse que la empresa Burger King anunció que no le compraría más carne a la empresa que vendía el producto donde se hallaron los rastros de ADN equino. En la cara de Mrs. M no quedaban  rastros de aquel placer que había sentido minutos antes.

7 de febrero. Mrs. M desconsolada, vació su freezer y tiró (esta vez con furia) las lasañas congeladas que había comprado en una cadena de supermercados. Esa semana sometió a su familia, no sin recelo, a una estricta dieta de verduras , arroz y pasta. Su amante esposo, pensó en quejarse por el incierto vegetarianismo que estaba tomando su vida, pero después de reflexionar, y sobretodo, de echarle una mirada a su esposa, entendió que lo mejor era callarse la boca.

lasagna

11 de febrero. Lo que para el amante esposo deMrs. M se perfilaba como la peor crisis de su matrimonio desencadenado por la dieta familiar, para la comisión europea era una crisis sanitaria. A ambos les costaba admitirlo. Ese mismo día, el hijo menor de Mrs. M terminó en la dirección de la escuela luego de pelearse con su compañerito extranjero, ya que según su madre los extranjeros, y especialmente los rumanos, eran los culpables de todos los males del mundo. Esto lo había asegurado después de escuchar que la carne equina procedía de aquel país.

13 de febrero. La cena en la casa de Mrs. M era deprimente para su amante esposo y sus niños. Y así como crecía la depresión en la casa de la familia crecía el escándalo de las carnes puertas afuera. Si no fuera porque existían los rumanos, el mercado europeo, las grandes cadenas transnacionales, la comida congelada y la mar en coche, todo seguiría siendo, como en los viejos tiempos, feliz y normal .

14 de febrero. Mrs. M paseaba por las góndolas leyendo exhaustivamente las etiquetas antes de colocar los productos en su carrito. Luego de las detenciones sabía que no podía comprar hamburguesas, ni lasañas congeladas, ni caldos de ternera, ni salsa para spaghetti, ni sopa de chile con carne. En Alemania, sus pares comenzaban a hacer lo mismo.

19 de febrero. Mrs. M. no hacía más que pensar en sus próximas vacaciones. Se imaginaba con sus hijos y su amante esposo en las cálidas costas de Andalucía. Claro que aún no sabía nada acerca de los productos con carne de caballo que se habían encontrado en España. Mrs. M todavía no lo sabía, pero el mundo feliz y pequeño que había construido en su cabeza no existía más. Ahora el mundo se trataba de un lugar incierto donde cada pequeña cosa que ocurría en un lugar tan poco familiar como Rumania podía terminar arruinándole los almuerzos a una bella familia que se creía protegida al Norte de una isla.

Luego se supo: La firma Draap Trading con sede en la isla de Chipre le compraba carne de caballo a los rumanos. Luego la vendía a Francia y otros países europeos. Todo esto estaba a cargo de un holandés que además tenía cuentas en un paraíso fiscal. Claro que a los franceses no les preocupaba tanto como a Mrs. M todo este lío alrededor de la carne de caballo.

28 de febrero. Que un rumano faenara carne de caballo que luego vendía a un holandés, y que éste tuviera contactos con una empresa con sede en Chipre, y más aún , que la empresa en cuestión revendiera esta carne como si fuera de vacunos para ser procesada en varios países de Europa, que parte de ese dinero se depositara en un paraíso fiscal, poco y nada le importaba a Mrs. M , quien a esta altura del escándalo de las carnes se siente, como nunca antes, herida en lo más hondo de su corazón de madre. Que a los irlandeses les resulte inconcebible comer caballo no tiene nada que ver con que en el mundo haya pobres y ricos ¿o sí?

Así es como se puede explicar la globalización a partir de  un caballo. Tratados comerciales que unifican a grandes regiones que aún mantienen pautas de consumo diversas. Brechas entre ricos y pobres. Economías descentralizadas (porque bien que le gustaba veranear en otros países pero no comer lo que ellos). Gobiernos que tienen que tratar temas impensados de hechos originados muy lejos de sus fronteras. Tabúes culturales locales arraigados que aún no saben cómo lidiar con esta posmodernidad a ultranza.

Este es un mundo globalizado, nos guste o no. 

Para saber más, pueden leer estas notas:

Diario de La República

Página/12

Diario Popular

Cronología completa

Escena del caballo en el padrino http://www.youtube.com/watch?v=nDjZSxajEtk

(1) A fines narrativos se creó el personaje de Mrs. M y varios datos son ficticios. Para saber la verdad, remitirse a los links.

Preguntarse por la técnica y la ideología

¿Es este realmente el tipo de vida que queremos? (1) La pregunta fue demasiado, debo admitirlo, para un sábado a la noche. Pero a veces pensar lo que nos pasa, reflexionar sobre aquello a lo que nos hemos acostumbrado y ya ni cuestionamos,  puede ser un buen ejercicio (y hasta es posible que sea un ejercicio de tristeza).

Fue el sábado pasado en FM La Tribu: Estaban ahí sentados Christian Ferrer y Héctor Schmucler y se me vinieron los 10 años de facultad a la cabeza. Y era lindo escucharlo a Schmucler porque en los libros no se le nota lo cordobés que la voz le delata. Y más que nada fue movilizador. Por eso comparto acá algunas ideas y/o reflexiones de ese conversatorio.

Hace años, décadas, siglos, que venimos preguntándonos acerca de la técnica y de sus consecuencias, o mejor dicho, de sus implicancias. “En todas partes estamos encadenados a la técnica sin que nos podamos librar de ella, tanto si la afirmamos apasionadamente como si la negamos” (2). A estas alturas reducir el análisis a los usos de la tecnología y tildarla de neutral es insostenible. Los apocalípticos e integrados. Los tecnofílicos y los tecnofóbicos (en palabras de Ferrer) pueden sentarse a descansar un momento. No vamos a discutir lo evidente. Pero tampoco vamos a engañarnos demasiado.

“La técnica se ha vuelto la ideología de nuestra época” (3).  No podemos abstraer de la técnica a nuestra manera de pensar, de ver el mundo, de experimentarlo y de percibirlo. Somos cuerpos dóciles dominados. El sistema en el que vivimos está inmerso y sustentado en la tecnología, y precisamente por eso, es que se nos impone como natural una manera de existir, que es la manera de la tecnología. Es ella quien nos dice qué hacer, cómo hacerlo y para qué. He ahí la relación entre ideología y técnica. Si la ideología es la naturalización del pensamiento, y estamos acostumbrados a reducir todo, absolutamente todo a un recurso, entonces, la tecnología es, efectivamente la ideología de nuestra época. Nos hemos acostumbrado a pensar todo en términos de recursos y de productividad. Los ríos nos dan peces y energía eléctrica, nosotros mismos nos hemos convertido también en recursos humanos.

Lo natural sería correr por los campos y agotados tendernos boca arriba, en cambio, concurrimos a “esos campos forzados de trabajo que son los gimnasios” (4). Lo natural sería encontrarnos con los amigos a celebrar la vida mate de por medio, en cambio, en Facebook esperamos que el otro me confirme que existo con un “me gusta” porque estamos obligados a agradar.

Durante años el ideal del progreso estuvo (y está) irremediablemente unido a la técnica, y si el ideal del progreso es la dominación del mundo, olvidémonos en creer que la tecnología es liberadora. “Todas las formas de la tecnología son formas de dominio aún cuando se muestren como liberadoras” (5). La tecnología como progreso es algo que está naturalizado, el desarrollo es tecnológico, y por eso no cuestionamos la técnica. Negarla, anularla, cuestionarla equivale en nuestro imaginario, a retroceder.

Y es por esto, porque un sábado a la noche, vuelvo a pensar en nuestra forma de vida, es por eso que me pregunto si ¿Es este realmente el tipo de vida que queremos?; pero como la respuesta puede deprimirme, mejor me quedo con la bella frase de Héctor Schmucler: “Nada genera más intensidad de sí mismo que el amar”.

Citas:

Las frases entrecomilladas pertenecen a las anotaciones textuales que hice durante la charla en FM La Tribu. De todos modos cabe aclarar que  el resto de las ideas y/o reflexiones de este post, están totalmente inspirados, aunque no textualmente, con los dichos de ambos autores.

(1) y (4) Christian Ferrer.

(2) Heidegger, Martín “La pregunta por la técnica”. Pueden leerlo aquí.

(3) y (5) Héctor Schmucler